Prevención en Entornos Escolares

La prevención en entornos escolares puede entenderse desde la perspectiva del control social informal, ya que las escuelas se constituyen como uno de los mecanismos no institucionalizados con los que cuenta el Estado para prevenir el delito.

Al hablar de mecanismos no institucionalizados, nos referimos a aquellos que, a diferencia de instancias como la policía, el sistema judicial o el penitenciario, funcionan de manera no formal, es decir, orientan la conducta humana a través de relaciones sociales y modelos de comportamiento, sin recurrir a sanciones coercitivas para quienes no se ajusten a esas normas.

En este sentido, las escuelas cumplen un papel clave como espacios donde se espera que los individuos adopten ciertos comportamientos sociales basados en valores que son promovidos dentro de estas instituciones mediante planes, políticas, programas, proyectos, objetivos y acciones concretas que buscan establecer y reforzar el orden social, de manera que los estudiantes puedan interiorizar esas normas y valores como parte de su formación integral.

Imagen 1. Etiqueta de Educación. (Vector Stock, s/f). 

Ante estas consideraciones, Durán, C. C., y Égüez, V. E. (2024), destacan que el proceso educativo no consiste únicamente en la transmisión y aplicación de conocimientos técnicos, teóricos y prácticos relacionados con el nivel académico que se curse, sino que también implica la construcción de saberes, la promoción de valores y la formación integral de las personas, aspectos que resultan fundamentales para el control social y la prevención del delito. (p.75).

A su vez, los entornos escolares constituyen espacios en los que se ejerce la socialización, pues en ellos existe una gran diversidad de interrelaciones marcadas por influencias de grupos, jerarquías, creencias, disciplinas, responsabilidades y normas de orden, entre muchas otras, las cuales moldean el comportamiento de los individuos, de modo que estas experiencias resultan fundamentales para adaptarse a la convivencia y a las normas sociales reconocidas, o bien para identificar que algunas de esas influencias no se corresponden con sus propios patrones de conducta y valores establecidos.

En este sentido, se subraya que los entornos escolares deben promover políticas y prácticas orientadas a crear espacios seguros, que fomenten capacidades, actitudes y valores vinculados al desarrollo socioemocional, con el propósito de fortalecer en el estudiantado la habilidad de gestionar sus emociones de manera consciente y responsable, actuando con empatía, respeto y tolerancia hacia los demás en lugar de dejarse llevar por impulsos.

Con ello, se busca que las y los estudiantes adquieran habilidades sociales, así como recursos cognitivos y emocionales, que les permitan establecer relaciones armónicas, pacíficas, inclusivas y basadas en el respeto a los derechos humanos tanto dentro como fuera de la comunidad educativa.

En la siguiente noticia se observa cómo la violencia en el entorno escolar se ha convertido en uno de los principales retos del sistema educativo en Costa Rica, y aunque el Ministerio de Educación cuenta con pautas generales de prevención, la Fiscalía Penal Juvenil ha hecho un llamado a la necesidad de trabajar con empatía en la tarea de formar a las personas menores de edad.

Link para ingresar a la noticia: La realidad de la violencia escolar en Costa Rica: Casi 3.000 casos el año pasado

Siguiendo esta línea, se proponen diversas estrategias educativas orientadas a desnaturalizar la violencia y a erradicar actitudes y comportamientos violentos e intolerantes hacia las diferencias entre estudiantes, las cuales, en el contexto escolar costarricense, pueden aplicarse con base en un registro previo de los tipos de violencia presentes y de la frecuencia con que ocurren, con el propósito de diagnosticar qué intervenciones concretas pueden contribuir tanto a la prevención como a la atención de estas situaciones:

Estrategia basada en la cultura de paz

La implementación de esta estrategia debe reconocer a cada estudiante como un sujeto activo en la construcción de su propio aprendizaje y en la transformación de su entorno en favor del bienestar colectivo, promoviendo el desarrollo de habilidades y valores que les permitan enfrentar los conflictos como oportunidades de aprendizaje, con el fin de buscar soluciones pacíficas en lugar de recurrir a actos de violencia, y al mismo tiempo, comprender que la construcción de la seguridad no ocurre de manera espontánea, sino que depende de la participación y contribución de todas las personas.

Por lo tanto, dentro de esta misma estrategia, se requiere establecer objetivos específicos que permitan alcanzar la meta principal, los cuales deben orientarse hacia:

  • Fomentar la participación y el diálogo, poniendo énfasis en el establecimiento de acuerdos basados en el compromiso y la corresponsabilidad para cumplir las normas y fortalecer así la seguridad escolar.
  • Promover el manejo pacífico de los conflictos mediante la creación de espacios en los que el personal docente pueda orientar y guiar a las y los estudiantes sobre cómo afrontar y resolver las diferencias de forma positiva, comprendiendo que existen desequilibrios, roles y procesos necesarios para la solución y la convivencia armónica.
  • Desarrollar habilidades de comunicación asertiva que permitan al estudiantado expresar de manera respetuosa aquellas situaciones que les incomoden o les afecten, al tiempo que aprendan a escuchar a los demás, reconociendo y expresando emociones, diferencias de opinión y resolviendo desacuerdos mediante el diálogo constructivo.
  • Implementar estrategias para la regulación y manejo de emociones, capacitándolos para enfrentar distintas situaciones sin recurrir a la violencia, evitando que sus respuestas sean reprimidas y se transformen en reacciones impulsivas, y fomentando la atención tanto a sus propias emociones y sentimientos como a los de las demás personas.

En el siguiente video se expone la importancia de integrar la educación de las emociones, pues desde allí se origina en gran medida la predisposición a la violencia, y se señala que muchos de los problemas que enfrenta la humanidad tienen un profundo trasfondo emocional, sobre el cual rara vez se conversa en los entornos escolares, por lo que la educación emocional contempla entre sus objetivos principales la prevención de la violencia: 

Video 1. ¿Qué puede hacer la educación para prevenir la violencia? (Aprendemos Juntos 2030, 2021).  

Estrategia basada en la educación inclusiva

La inclusión en los entornos escolares constituye un aspecto fundamental, pues busca asumir la responsabilidad de atender la diversidad del estudiantado en cuanto a su origen, intereses, experiencias, conocimientos y capacidades, de modo que integrar una estrategia basada en este enfoque implica poner en práctica valores como la pertinencia, la participación y la equidad, orientados a fomentar el aprendizaje y a reducir la exclusión, la discriminación y otras barreras presentes en la sociedad, muchas de las cuales tienen su origen en dinámicas que se han construido desde los propios centros educativos.

En este sentido, la estrategia debe establecer objetivos concretos orientados hacia:

  • Promover la igualdad de género, con el propósito de resaltar la importancia de rechazar creencias, actitudes o comportamientos discriminatorios que limiten el acceso equitativo a oportunidades de participación entre mujeres y hombres, y que puedan perpetuar la violencia tanto en el ámbito escolar como en la vida social.
  • Fomentar el valor de la inclusión, trabajando desde una perspectiva educativa que permita comprender que las diferencias forman parte natural de la convivencia, con el objetivo de superar situaciones relacionadas con discriminación, rechazo, prejuicios y estereotipos vinculados a aspectos étnicos, sexuales, económicos, culturales, familiares y otros.

Estrategia basada en la orientación familiar

Desde esta perspectiva, es fundamental considerar que la familia, al ser el grupo social responsable de brindar las condiciones necesarias para el crecimiento y desarrollo de las personas menores de edad, requiere mantener una experiencia conjunta con los entornos escolares para favorecer la formación de niños, niñas y jóvenes, por lo que se plantea integrar acciones como talleres, charlas, conferencias o materiales informativos dirigidos a madres, padres o personas encargadas, con el propósito de fortalecer el proceso educativo y fomentar la creación de un entorno corresponsable.

De esta manera, se deben integrar objetivos que fortalezcan la capacidad preventiva ante posibles situaciones de violencia en el entorno educativo, mediante el acompañamiento y la participación activa de madres, padres de familia o personas tutoras:

  • Establecer recomendaciones en torno a la importancia de dedicar tiempo para conversar con sus hijas e hijos sobre aspectos relacionados con su desarrollo escolar y personal, incluyendo sus emociones, preocupaciones, necesidades y experiencias cotidianas
  • Fomentar la creación de vínculos de confianza que permitan a niños, niñas y jóvenes comunicar a sus familias situaciones de violencia o malestar, facilitando así una intervención oportuna en articulación con el centro educativo
  • Observar con atención los comportamientos que manifiestan al llegar al hogar, sus relaciones de amistad, actitudes frecuentes, reacciones y lugares que frecuentan,
  • Evitar recurrir al castigo mediante gritos o el uso de la fuerza, y promoviendo en su lugar límites basados en una disciplina constructiva que favorezca la autorregulación, la responsabilidad y el cumplimiento de sus deberes escolares y familiares.

En relación con las recomendaciones planteadas y considerando la realidad costarricense, Porras, M. E. (2025), señala que este tipo de orientaciones, siempre que se basen en investigaciones previas y en buenas prácticas, pueden constituirse en recursos valiosos para la creación de entornos escolares seguros y libres de violencia, ya que, de alguna manera, contribuyen a abordar causas estructurales y contextuales de la violencia escolar, de modo que lo expuesto podría resultar útil para el diseño de políticas y estrategias integrales.

Referencias bibliográficas

Aprendemos Juntos 2030. (2021). ¿Qué puede hacer la educación para prevenir la violencia? [Archivo de video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=NNzpIoYf_-k

Durán, C. C., y Égüez, V. E. (2024). El control social informal como estrategia para la promoción de la seguridad ciudadana y la prevención de los delitos en Ecuador. Revista Metropolitana De Ciencias Aplicadas7 (1), 68 – 78. https://remca.umet.edu.ec/index.php/REMCA/article/view/668

Jiménez, M. S. (2023). La realidad de la violencia escolar en Costa Rica: Casi 3.000 casos el año pasado. La Región. https://laregion.cr/realidad-en-costa-rica-casi-3-000-casos-de-violencia-escolar-el-ano-pasado/

Porras, M. E. (2025). Violencia escolar en Costa Rica: un análisis comparativo de tendencias y factores estructurales (2006 – 2021). LATAM Revista Latinoamericana De Ciencias Sociales Y Humanidades6 (1). https://latam.redilat.org/index.php/lt/article/view/3576

Subsecretaria de Educación Básica. (s/f). Entornos Escolares Seguros en Escuelas de Educación Básica. Dirección General de Gestión Escolar y Enfoque Territorial. https://aprende.uned.ac.cr/pluginfile.php/1830169/mod_resource/content/0/202009-RSC-leLPWSqZY7-5_EntornosEscolaresSegurosenEscuelasdeEducacinBsicaSimplificadoSept2020.pdf

Vector Stock. (s/f). Etiqueta de Educación. [Imagen]. https://www.vectorstock.com/royalty-free-vector/education-label-back-to-school-logo-graphic-vector-15523116

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